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Centenario de Piazzolla 

El bandoneonista que abrió la grieta en el tango

Por Carlos Piro 
Periodista y editor de Perfil.com

Centennial of Piazzolla

The bandoneon player who opened the fissure in tango

By Carlos Piro
Journalist and editor of Perfil.com

Como en todo movimiento cultural, género musical o ideario estético, hay diferentes corrientes, gustos o ideas. Sus generadores y sus seguidores pueden estar más o menos de acuerdo, tomar caminos alternativos y hasta alejarse del grupo, sin perder el sentido de pertenencia. Tal es el caso del lugar que Astor Piazzolla ocupó dentro del tango.

El músico que nació el 11 de marzo de 1921 tuvo un origen bien tanguero, como uno más, aunque siempre tuvo más curiosidad e inquietudes que la mayoría de sus pares. Nacido en Mar del Plata, pero criado en Nueva York, recbió un bandoneón a los seis años, pero soñaba con tocar la armónica, un instrumento más acorde para sus correrías en las calles más bravas de la ciudad norteamericana en la década de 1930 y solía reconocer que allí “me hice peleador. Y quizá eso haya marcado también mi música”.

Empezó a estudiar música a regañadientes, con dificultades. Solfeo, violín, mandolina, con el bandoneón en el ropero y su padre “machacándolo” con los discos de la orquesta de Julio de Caro. Según cuenta Piazzolla, se enamoró escuchando al sexteto de Elvino Vardaro, algo improbable, porque aquella mítica formación apenas grabó un disco sin difusión comercial. “Yo quiero hacer esto”, se dijo y comenzó a escuchar a otras orquestas: Pedro Laurenz, Pedro Maffia, Aníbal Troilo, Miguel Caló…

 

Solía reconocer que en su infancia en Nueva York “me hice peleador. Y quizá eso haya marcado también mi música”.

 

Muy joven tuvo la oportunidad de entrar a la orquesta de “Pichuco”, que prefería músicos experimentados, pero se deslumbró con el virtuosismo de aquel jovencito que conocía a la perfección todo el repertorio de la orquesta. Troilo lo adoraba, aunque a sus arreglos tenía que tacharle la mitad de las notas, y muchas veces quiso “matarlo” por las bromas pesadas que hacía el joven bandoneonista, al que bautizó “Gato” porque no se quedaba quieto nunca.

Pero la inquietud de Piazzolla en la formalidad de una orquesta exitosa, lo llevó a buscar nuevos horizontes. Tras seis años con Troilo, pasó a dirigir la orquesta que formó el cantor Francisco Fiorentino, donde rompió el molde grabando dos temas instrumentales en una orquesta de un cantante. Después de un año, armó su propia orquesta, que también duró poco tiempo y la disolvió por falta de trabajo.

El punto de quiebre en su vida fue ganar un concurso de composición en 1954, “Fabien Sevitzky”, lo que le permitió tener recursos económicos para instalarse en París y estudiar con Nadia Boulanger, la mujer que le cambió la vida. Para ser aceptado como alumno le tuvo que mostrar algo de lo que había compuesto, pero Boulanger sintió que le faltaba algo a esa música. Un día, Boulanger le preguntó qué música hacía en Buenos Aires y Astor le “confesó” que componía tangos y que tocaba el bandoneón. La gran maestra le pidió que tocase al piano uno de sus tangos y Astor arremetió con “Triunfal”. Antes de terminarlo, Boulanger le tomó las manos y le dijo: “No abandone jamás esto. Esta es su música. Aquí está Piazzolla”.

Nadia Boulanger le pidió que tocase uno de sus tangos y Piazzola tocó “Triunfal”. Antes de terminar, su maestra le dijo: “No abandone jamás esto. Esta es su música. Aquí está Piazzolla”.

Astor le hizo caso para siempre. A partir de entonces, decidió jugarse a fondo con sus ideas, y bancarse la que le toque. Pudo rescatar aquello que había discutido con Troilo cuando todavía formaba parte de aquella mítica orquesta, sobre si sus seguidores querían escucharlos o bailar. Troilo entendía que había que tocar para que “bailen los muchachos”, pero Piazzolla pensaba otra cosa.

 

"Esto no es tango, Piazzolla"
 
A partir de su regreso de París, en 1955, decidió meterse a fondo con sus ideas. Atrás quedaron para siempre sus intentos de orquestas típicas y empezó con formaciones innovadoras: el Octeto Buenos Aires, el Quinteto y más adelante el Nuevo Octeto y el Noneto, entre otros. Definitivamente, nadie iba a bailar con Piazzolla. Pero sus innovaciones fueron mucho más allá de lo que la tradición de los tangueros aceptaba.

Sus arreglos de tangos clásicos y sus composiciones tangueras generaron muchas críticas y detractores, con la absurda etiqueta de “Esto no es tango”. Y se abrió una grieta entre sus fanáticos y sus “enemigos”, como si lo que hacía Piazzolla mereciera una condena penal, más que una mera cuestión de gustos. El bandoneonista pasó a ser el enemigo de muchos tangueros, y, fiel a su esencia peleadora, Piazzolla no dejó de provocar, ni con su música ni con sus declaraciones.

No fue suficiente que Osvaldo Pugliese tocara sus temas y en una absurda definición pedida por los propios músicos de Piazzolla, sentenciara con su generosidad y su amplitud de siempre “Esto es tango”.

 

La grieta del tango
 
La grieta del tango le costó a Piazzolla que no pudiera entrar con su música a ciertos ambientes tradicionales, que fuera discriminado en radios y programas de tango y que sea considerado “mala palabra” en el tango. De un lado quedaron los tradicionalistas, que no le perdonaron nunca sus osadías y siguen defendiendo el tango de la época de oro, los años ’40, y del otro, Piazzolla y sus herederos.

Aunque Astor haya sido amigo toda la vida de Troilo. Aunque haya compartido escenario con Pugliese en un mítico concierto en Ámsterdam en 1989. Piazzolla cumplió uno de sus sueños: que su música siga siendo escuchada en el año 2020. Lo fue, y lo sigue siendo en este 2021. Ahora falta ver si se cumple el otro: que se escuche en el año 3000.

As in every cultural movement, musical genre or aesthetic ideology, there are different currents, tastes or ideas. Its generators and its followers can agree more or less, take alternative paths and even move away from the group, without losing the sense of belonging. Such is the case of the place that Astor Piazzolla occupied within the Tango.
The musician who was born on March 11, 1921 had a very tango origin, like any other, although he always had more curiosity and concerns than most of his peers. Born in Mar del Plata, Argentina, but raised in New York, he received a bandoneon at the age of six, but he dreamed of playing the harmonica, an instrument more in keeping with his forays into the tough streets of the city in the 1930s and used to admit that there “I became a fighter. And perhaps that has also marked my music ”
He began to study reluctantly, with difficulty: music ,music theory, violin and mandolin,all of this with the bandoneon in the closet and his father "playing all over" the records of the Julio de Caro orchestra. According to Piazzolla, he fell in love listening to the Elvino Vardaro sextet, but this is something unlikely, because that mythical band barely recorded an album without commercial broadcasting...at that time he told himself "I want to do this," and began to listen to other orchestras: Pedro Laurenz, Pedro Maffia, Aníbal Troilo, Miguel Caló...


He used to admit that in his childhood in New York “I became a fighter. And maybe that has also marked my music ”.


At a very young age, he had the opportunity to join the Pichuco`s orchestra, which preferred experienced musicians, but who was dazzled by the virtuosity of that young man who knew perfectly all the repertoire of the orchestra. Troilo adored him, although in his arrangements he had to cross out half of the notes, and many times he wanted to “kill” him because of the practical jokes that
the young bandoneon player played on him, whom he had baptized “Cat” because he was never stayed still.
But Piazzolla's restlessness inside the formality of a successful orchestra led him to seek new horizons. After six years with Troilo, he went on to direct the orchestra formed by the singer Francisco Fiorentino, where he broke the mold by recording two instrumental songs in a singer' orchestra. After a year, he put

together his own orchestra, which also lasted a short lapse of time and dissolved it due to the lack of work.
The turning point in his life was winning a composition contest in 1954, "Fabien Sevitzky", which allowed him to have financial resources to settle down in Paris and study with Nadia Boulanger, the woman who changed his life. To be accepted
as a student he had to show her something of what he had composed, but Boulanger felt that something was missing from that music.
One day, Boulanger asked him what music he made in Buenos Aires and Astor "confessed"her that he composed tangos and that he played the bandoneon. The great teacher asked him to play one of his tangos on the piano and Astor attacked
with “Triunfal”.Just before finishing it, Boulanger took his hands and said: “Never give up on this. This is your music. Here is Piazzolla ”.

Nadia Boulanger asked him to play one of his tangos and Piazzola played “Triunfal”. Just before finishing, his teacher said, “Never give up on this This is your music. Here is Piazzolla ”.

Astor heard her advices forever. From then on, he decided to take a chance thoroughly with its own ideas, and deal whichever he had to to achive it. He was able to rescue the points in which he had dissagreed with Troilo when he was still part of that mythical orchestra, about whether his followers wanted to listen to them or dance. Troilo understood that  ̈you had to play for the boys to dance", but Piazzolla had another point of view.

"This is not tango, Piazzolla"

Upon his return from Paris in 1955, he decided to go deep into his ideas. Behind him were left forever his attempts with typical orchestras groups and he began with innovative formations such as : the Octeto Buenos Aires, the Quintet and later on the New Octeto and the Noneto, among others. Definitely, no one was going ever to dance with Piazzolla. But his innovations went far beyond of what the tango tradition accepted.

His arrangements of classical tangos and his tango compositions generated many  critics and detractors, with the absurd label of “This is not Tango”. And a rift was opened between his fans and his “enemies”, as if what Piazzolla did deserved a criminal conviction, rather than a mere matter of taste. The bandoneon player became the enemy of many tangueros, and, true to his fighting essence, Piazzolla did not stop provoking, neither with his music nor with his statements.

It was not enough that Osvaldo Pugliese played his songs and in an absurd definition requested by Piazzolla's own musicians, he sentenced with his generosity and his usual breadth "This is Tango".

The fissure of tango

The fissuree of tango cost Piazzolla that he could not enter certain traditional environments with his music, that he was discriminated on radio and tango programs and that he was considered a “bad word” in the tango circle. On one side were the traditionalists, who never forgave him for his daring and continue to defend tango from the golden age, the 1940s, and on the other hand, Piazzolla and his sucessors.

Even though Astor has been a lifelong friend of Troilo. Although he shared the stage with Pugliese in a mythical concert in Amsterdam in 1989. Piazzolla fulfilled one of his dreams: that his music will continue to be heard in 2020. It was and it still continues in this 2021. Now it remains to be seen if it is fulfilled
the other: to be heard in the year 3000.